Suerte, Desgracia. Destino

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No me acuerdo precisamente de cómo fué la cosa.. Lo cierto es que se habló de eso durante mucho tiempo, y la gente del pueblo contribuyó en crear cada uno su versión de los hechos.

Lo de que estoy seguro, es que era una día bastante normal. Y con normal entiendo uno de esos días de enero en los que los campesinos vincen el frío, humedo y lleno de viento de ese período, y con toda la fuerza de sus milenarias historias, van a la ciudad con los únicos medios de transporte que conocen: los pies.
Luego, en cuanto salgan las primeras rayas del sol, sacan sus botes llenos de conservas, y los venden.. Días y días de trabajo, se convierten así en la nueva comida.

Me desperté con los gritos atroces de un cerdo, proximo a la muerte, por mano de esos expertos campesinos, que matan con la maxima rapidez, y al mismo tiempo, no se sabe bien cómo, enseñan todo el respecto que la naturaleza conozca, al momento de matar a uno de sus hijos.

Cuando ví que hora era, entendí que había dormido demasiado. Las siete y treinta.
Todos, en el pueblo sabíamos que ese era el día en el que habría venido el extranjero de que tanto se hablaba en los alrededores de la provincia.

No sabíamos de donde venía, pero sus historias ya habían llegado a todos.
Se contaba de aquella vez que llegó a la capital, durante la horrible guerra de los 20 años y, despues de la muerte de casi todos los hombres de los ejercitos, la guerra cesó, aunque con una paz precaria.
También se contaba de cuando participó en esa expedicción que duró 5 meses. Se perdió por los mares del Sur, así como las dos mil personas que llenaban los grandes cuatro barcos, hechos por una madera oriental, especial, y a la vuelta solo habían sobrevivido doce, trece de sus compañeros. Los barcos estaban llenos hasta el borde de tesoros, jemas, y miles de piedras preciosas, encontradas quien sabe donde.. Nadie supo explicarlo. Nunca.

Como se llamaba? Ojalá pudiese saberlo.
Alguien le llamaba Suerte, otros Desgracia,  lo demás le llamaban Destino. Aunque todos supiesen que no era más que un hombre, de estos vagabundos que buscan la vida por el mundo.
Lo que sabíamos, por cierto, es que donde fuese, ahí  se turbaba la tranquila linea temporal que siguen los hombres (es un poco dificil de entender, lo sé, pero es lo más cerca a la verdad). Unas veces arreglaba las cosas, unas otras traía desastro. Y más frequentemente las dos cosas a la vez.

Nino Bravo – Un beso y una flor

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